José Sánchez Guerra: Un hombre de honor (1859-1935) (Memorias y biografías nº 32)

Descargar libre. Reserve el archivo PDF fácilmente para todos y todos los dispositivos. Puede descargar y leer en línea el archivo PDF José Sánchez Guerra: Un hombre de honor (1859-1935) (Memorias y biografías nº 32) PDF Book solo si está registrado aquí. Y también puede descargar o leer en línea todos los archivos PDF de libros relacionados con el libro José Sánchez Guerra: Un hombre de honor (1859-1935) (Memorias y biografías nº 32). Feliz lectura José Sánchez Guerra: Un hombre de honor (1859-1935) (Memorias y biografías nº 32) Bookeveryone. Descargue el archivo Libro gratuito PDF José Sánchez Guerra: Un hombre de honor (1859-1935) (Memorias y biografías nº 32) en la Biblioteca completa de PDF. Este libro tiene algunos formatos digitales como el libro de papel, ebook, kindle, epub, fb2 y otros formatos. Aquí está la biblioteca de libros CompletePDF. Es gratis registrarse aquí para obtener el archivo del libro PDF José Sánchez Guerra: Un hombre de honor (1859-1935) (Memorias y biografías nº 32) Pocket Guide.

En fila nos aguardan. Vestidos desiguales, de camiseta algunos, camisa y pantalón otros, otros chamarreta y calzón crudo: yareyes de pico: negros, pardos, dos españoles,—Galano, blanco. Habla erguido el General. Desfile, alegría, cocina, grupos. Dormimos, envueltos en las capas de goma. Y nos pusimos a la miel ansiosos. Rica miel, en panal. El lugar se llama Vega de la [ Otra al parque dejado en el camino. José viene con puercos. La comida. Al caer la tarde, en fila la gente, sale a la cañada el General, con Paquito, Guerra y Ruenes.

Lo abrazo. Me abrazan todos. La gente cuelga hamacas, se echa a la caña, junta candela, traen caña al trapiche para el guarapo del café. Ella mete la caña, descalza:—Antes, en el primer paradero, en la casa de la madre e hijona espantada, el General me dió a beber miel, para que probara que luego de tomarla se calma la sed. Uno me da un chopo de malanga.

Otro, en taza caliente, guarapo y hojas. Muelen un mazo de cañas. Escribo cartas. Se arregla la salida para mañana. Compramos miel al ranchero de los ojos azorados y la barbija.


  • .
  • .
  • Libros de 9. BIOGRAFIAS Y MEMORIAS · Librería Rafael Alberti.?
  • #Podemos: Deconstruyendo a Pablo Iglesias.
  • Despiértate tú que duermes Efesios 5:14!

Ya tiene mujer. Al irse, se escurre. Despedida enfila[sic]. A lo alto, de mata a mata colgaba, como cortinaje tupido, una enredadera fina; de hoja menuda y lanceolada. Por las lomas, el café cimarrón. La pomarrosa bosque. De tronco a tronco tendemos las hamacas. La noche bella no deja dormir. Se nos olvidó la comida: comimos salchichón y chocolate, y una lonja de chopo asado. A los Calderos, en alto. Ella es Caridad Pérez y Piñó.

Juicio y valoración de las siete primeras semanas

De las flores de muerto, junto al cercado, le trae Ramón una, que se pone ella al pelo. Nos cose. El General cuenta "el machetazo de Caridad Estrada en el Camagüey. Caridad enseñaba su herida. Allí Felipe Dom. La marcha con velas, a las 3 de la mañana De allí Teodoro Delgado, al Palenque:[69] monte pedregoso, palos amargos y naranja agria: alrededor casi es grandioso el paisaje; vamos cercados de montes, serrudos, tetudos, picudos: monte plegado a todo el rededor: el mar al Sur. A lo alto, paramos bajo unas palmas.

Viene llena de cañas la gente.

Jornadas de Reflexión. Historia y memoria

De una casa nos mandan café, y luego gallina con arroz. Se huye Jaragüita. Se fue a la centinela, y se escurrió. Caza sinsontes, pichones, con la liria del lechugo. Ahora tiene animales, y mujer. Se descolgó por el monte. No lo encuentran. Los vecinos le temen. Dormimos por el monte, en yaguas.

Gómez hace traer miel, exprime en ella los pichones, y es leche muy rica. Luis me levanta del abrazo. Vamos lomeando a los charrascales otra vez, y de lo alto divisamos al ancho río de Sabanalamar, por sus piedras lo vadeamos, nos metemos por sus cañas, acampamos a la otra orilla. Las aves buscan su sombra. Baño en el río, de cascadas y hoyas, y grandes piedras, y golpes de cañas a la orilla.

Me lavan mi ropa azul, mi chamarreta. A mediodía vienen los hermanos de Luis, orgullosos de la comida casera que nos traen: huevos fritos, puerco frito y una gran torta de pan de maíz. Comemos bajo el chubasco, y luego de un macheteo, izan una tienda, techada con las capas de goma. Céspedes: kepis y tenacillas de cigarro. La guerra abandonada a los jefes, que pedían en vano dirección, contrastaba con la festividad del cortejo tunero. A poco, el gobierno tuvo que acogerse a Oriente. Patricio Corona,[97] errante once días de hambre, se presentó a los Voluntarios.

Luis va a ver, y vuelve con Eufemio. Se han ido los exploradores. Emprendemos marcha tras ellos.

De nuestro campamento de 2 días, en el Monte de la Vieja[] salimos, monte abajo, luego. De una loma al claro por donde se divisa, por el Sur, el palmar de San Antonio, rodeado de jatiales y charrascos, en la hoya fértil de los cañadones, y a un lado y otro montes, y entre ellos el mar.

De 8 a 2 caminamos, por el jatial espinudo, con el pasto bueno, y la flor roja y baja del guisaso [] de tres puyas : tunas, bestias sueltas. Y al otro Pérez,[] dice Luis, Policarpo[] le puso las partes de antiparras. Ya veo que no es por opinión, ni por cariño imposible a España.

Llegan de noche los 17 hombres de Luis,[] y él, solo, con sus 63 años, una hora adelante: todos a la guerra: y con Luis va su hijo. Por el cañadón, por el monte de Acosta, por el mucaral de piedra roída, con sus pozos de agua limpia en que bebe el sinsonte, y su cama de hojas secas, halamos, de sol a sol, el camino fatigoso.

Se siente el peligro. Desde el Palenque nos van siguiendo de cerca las huellas. Por aquí pueden caer los indios de Garrido. Nos asilamos en el portal de Valentín, mayoral del ingenio Santa Cecilia. Distinto, el hombre propio, el hombre de sí mismo. Comer, lo da la tierra: calzado, la yagua y la majagua: medicina, las yerbas y cortezas; dulce, la miel de abeja.

Perdíamos el rumbo. Los bejucos nos ahorcaban y azotaban. Pasamos por un bosque de jigüeras, verdes, pegadas al tronco desnudo, o a ramo ralo. A las once, redondo tiroteo. Tiro graneado, que retumba; contra tiros velados y secos. Como a nuestros mismos pies es el combate: entran, pesadas, tres balas que dan en los troncos.