CUENTOS PARA LEER BORRACHO

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En la madrugada del lunes, cuando cerramos la puerta para evitar el vientecillo cortante y helado que soplaba del patio, nuestros sentidos habían sido colmados por la lluvia. Y en la mañana del lunes los había rebasado. Mi madrastra y yo volvimos a contemplar el jardín. Un chorro de agua comenzaba a correr por entre las macetas.

Y yo noté que había dejado de sonreír y que su regocijo del día anterior se había transformado en una seriedad laxa y tediosa.


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  • Temario Cuerpo Superior Administradores. Especialidad Administradores Generales. Actualizado a enero de 2020. Volumen 2. (A1 1100).
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  • Las felicitaciones más acertadas para cada ocasión.

Escrito hacia , este cuento relata la historia de una madre que llega a un pueblo para visitar la tumba de su hijo, Carlos Centeno, un ladrón que fue asesinado a balazos mientras intentaba forzar la cerradura de la casa de una viuda. La señora Rebeca, una viuda solitaria que vivía en una casa llena de cachivaches, sintió a través del rumor de la llovizna que alguien trataba de forzar desde afuera la puerta de la calle. Se levantó, buscó a tientas en el ropero un revólver arcaico que nadie había disparado desde los tiempos del coronel Aureliano Buendía, y fue a la sala sin encender las luces.

Agarró el arma con las dos manos, cerró los ojos y apretó el gatillo. Era la primera vez en su vida que disparaba un revólver. La viuda de Montiel lanzó un suspiro. Octubre se eternizaba con sus lluvias pantanosas y ella se sentía perdida, navegando sin rumbo en la desordenada y fabulosa hacienda de José Montiel. El señor Carmichael, antiguo y diligente servidor de la familia, se había encargado de la administración.

Cuando por fin se enfrentó al hecho concreto de que su marido había muerto, la viuda de Montiel salió del dormitorio para ocuparse de la casa.


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En dos meses de encierro había adquirido la costumbre de morderse las uñas. Un día —los ojos enrojecidos e hinchados de tanto llorar— se dio cuenta de que el señor Carmichael entraba a la casa con el paraguas abierto. Después de todas las gracias que tenemos, sólo nos faltaba que usted entrara a la casa con el paraguas abierto. El señor Carmichael puso el paraguas en el rincón.

Era un negro viejo, de piel lustrosa, vestido de blanco y con pequeñas aberturas hechas a navaja en los zapatos para aliviar la presión de los callos. Por primera vez desde que murió su esposo, la viuda abrió la ventana. Parece que no va a escampar nunca. A media noche, cuando terminó la lluvia, Pelayo y Elisenda seguían matando cangrejos.

Poco después el niño despertó sin fiebre y con deseos de comer. Este es el quinto cuento dentro del libro Doce cuentos peregrinos publicado el 20 de julio de Nos pusimos de barro hasta el culo, pero la risa que nos dio valió la pena. La cara del portero de tu edificio fue para hacerle una foto. Tu portero te dio una botella de wisky casero, sin etiquetas.

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Dijo que alguien te lo había traido de regalo y lo había dejado en recepción. Yo te creí lo de Piazzolla cuando entré al atelier y vi, pegada en la pared con una chinche, una foto tuya sentado a la mesa con Fellini. La puta madre. Después vimos los cuadros. Estabas terminando la serie de los zapatos.

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Nos sentamos en unos sillones. Pusiste de fondo la MTV. Ni siquiera me acordaba al día siguiente de qué hablamos todo ese tiempo. Así que es imposible que me acuerde ahora. Desde que llegamos, borrachos paulatinos también nosotros, todo se me desdibuja. Solamente me queda una sensación de pequeño viaje al fondo de Buenos Aires, de conversación fluida, hiperactiva y absurda. Creo que nunca supiste nuestros nombres. Nosotros te los dijimos un par de veces, porque vos lo preguntabas bastante, como cualquier borracho.

Pero también como cualquier borracho nos bautizaste. Toda esa noche fuimos Tito y Cepillo. A mí me pusiste Cepillo porque tenía el pelo gracioso. Al Chiri no sé por qué lo bautizaste Tito. El milagro de entrecasa ocurrió ya entrada la madrugada. Me pediste los documentos, te cercioraste, después nos abrazamos y dijimos que éramos hermanos. Para festejar nos llevaste a la azotea. Por lo menos eso parecía. Ya en la terraza, incluso nos subimos al techito del ascensor.

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Chiri tampoco. Tampoco hay noches así, en el primer mundo. Proyectos, guiones, novelas. No éramos porteños, para que se entienda. Uno de los motivos por el que te escribo es solamente para que te acuerdes. Había una bombita de veinte, encendida, colgando en la terraza. Te la quedaste mirando un segundo, nos la señalaste, nos advertiste de su presencia invisible.

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Esa boludez nos quedó grabada, a Chiri y a mí, durante todos estos años. Me parece que descubrimos que la gente que pinta ve otra cosa, ve distinto de lo que ve la gente que escribe. Nos despediste en el ascensor de la terraza. Ni siquera volvimos al atelier.

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Vos querías seguir, pero Chiri tenía que volver al kiosco temprano. Antes de irnos, nos pusiste de espaldas, mirando Buenos Aires y dijiste textualmente:. Nos fuimos a casa, llenos de barro y con la cabeza como dos tambores. Durante algunos días le contamos a nuestros amigos esa noche, que parecía un cuento. Durante mucho tiempo quise escribir algo con esto que rememoro hoy. Nunca lo hice, porque no creo que pueda explicar qué tuvo de raro, o qué tiene ahora de milagro. Las palabras no sirven para todo. Para mí Buenos Aires se puede resumir en esa noche. Todo lo bueno que te puede pasar con un desconocido, pasó ahí.

Para nosotros siempre fue un acontecimiento onírico, un hecho inicial. Algo ya nos decía, por esas épocas, que el mundo era maravilloso. Pasó el tiempo. Solamente estuvimos juntos esa noche de nuestros veinte años y de sus cuarenta. Le conté del kiosco, de la charla y del foquito impertinente.

Me dijo que nunca había podido olvidar esa noche. Aquella noche ustedes me mostraron que empezaban, no que volvían. Guardar mi nombre, correo electrónico y sitio web en este navegador para la próxima vez que haga un comentario.

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Genial, afortunados de tener esa hostoria. Feliz vida!! Historia rica de la noche…otro del 16 de marzo…proyecto de artista opacado por la rutina del trabajo te saluda! La puta que escribís bien! Me dieron ganas de estar ahi, y a la vez lo describis de tal manera que es como si hubiera estado.