Camino hacia la recuperación (The Road to Recovery)

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Froome: "El camino es largo, pero estoy centrado en recuperar mi mejor nivel"

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Your name Your email Friend's name Friend's email Message. Cancel Send. Le pregunté a mi esposa si quería ir y no me dijo que no. Entonces, como el buen distractor que era, comencé a planear. Mi planeación comenzó en febrero, a menos de dos meses de la muerte de nuestro hijo y cinco meses antes de la fecha en que partiríamos. Trataríamos de visitar solo lugares adonde no hubiéramos ido antes. Cada que sentía un espasmo de dolor, sacaba un mapa y me sumergía en el lienzo en blanco de un país que nunca había visto en realidad.

El trayecto que tracé iba desde nuestra casa en Brooklyn por el Medio Oeste a través de Dakota del Sur, luego de regreso por Nebraska y Misuri hacia las Grandes Montañas Humeantes antes de regresar a casa por las Carolinas y Virginia. Estaríamos de viaje por 37 días.

La abría cada que mis emociones se apoderaban de mí, añadía otra fila o columna, y me perdía en ensoñaciones sobre el viaje por carretera. En total, nuestra travesía se extendería por 17 estados y kilómetros. Planear dio resultado. Fue una aventura increíble.

La Historia de Prichard Colón: Una tragedia del boxeo y la lucha por recuperarse [English subtitles]

Cada uno de nosotros tuvo sus paradas favoritas. El eclipse, que vimos a través de delgadas nubes en la parte alta del parque Cosmo en Columbia, Misuri, fue maravilloso. A pesar de mi miedo a las alturas, me asombraron particularmente dos monumentos con torres, la Torre del Diablo y el Arco Gateway.

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En viajes anteriores por carretera, ya habíamos visto el poder de los audiolibros para evitar que nuestros hijos enloquecieran. Esta vez llevé un arma secreta: la colección completa, sin resumir, de la saga de Harry Potter, leída por Jim Dale, que cubre horas en 99 discos compactos. Escuchamos los primeros cuatro libros, 50 horas en total nos quedan 67 para nuestro próximo viaje.

Nuestro hijo mayor ya los había leído, pero a lo largo de los kilómetros lo atrapó igual que al resto de nosotros. Todas comienzan con el himno de cada universidad local, seguida de una mezcla ecléctica de canciones que encontré en línea. Aun después de regresar a casa, lo seguimos haciendo. Son los mejores recuerdos que trajimos.

El camino hacia la recuperación tras la muerte de un hijo – Español

También recolectamos otros recuerdos. En los meses posteriores a la muerte de nuestro hijo, viajar era un recordatorio constante de nuestra pérdida, su ausencia era distractora y desorientadora. Para aliviar el dolor, decidimos recolectar piedras de cualquier lugar al que fuéramos, escribíamos sobre ellas el nombre del lugar y la fecha para guardarlas en una pequeña bolsa de lona. El ritual de buscar piedras nos ayudó a evocar su recuerdo y reconocer su ausencia. Para cuando regresamos, habíamos recogido cinco kilos y medio de piedras y guijarros, así como un caparazón de cangrejo y trozos de galletas de mar que los niños encontraron en la playa de Carolina del Sur.

No fue así el verano anterior, que pasamos casi todo dentro de hospitales, limpios y estériles, desprovistos de naturaleza. Incluso las flores y plantas, que son un peligro para algunos pacientes, estaban prohibidas. Lo llevaban al exterior en su cama de hospital y un grupo de gente nerviosa monitoreaba atentamente su respirador mientras él veía a sus hermanos jugando alocadamente bajo el sol del verano, libre del peso opresor del hospital.

En cierto momento lo transfirieron a otro hospital, donde descubrimos un pequeño jardín en un ala lejana, a veinte minutos a pie desde su habitación. Pronto se convirtió en su lugar favorito. Había algo en el aire fresco que ayudaba a que las heridas sanaran. Yo dormía mejor afuera y sentarme cerca de la fogata me brindaba raros momentos de paz, silencio y reflexión. A los niños también les gustaba, pero no les importaba estar adentro.